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miércoles, 30 de enero de 2019

El Eterno Trabajo


Parafraseando una frase de Bowie, las composiciones nunca se terminan, sólo se abandonan, y puede tomarnos una vida entera perfeccionar una canción. Cuando la grabamos o escribimos en un pentagrama, ésta se vuelve una postal de nuestro estado evolutivo en un momento dado. La música en sí misma es siempre perfecta, lo que va cambiando es nuestra capacidad de interpretar su voluntad, por eso es que la práctica debe ser para el músico como el aire que respira.
La música no le pertenece a nadie, ni siquiera a los genios, y creer que el talento está reservado para unos pocos es precisamente lo que nos impide desarrollarlo. Lo que diferencia a un genio es su habilidad innata para alcanzar niveles de conexión que al resto de los músicos le lleva mucho tiempo lograr. Lo que diferencia a un músico de un aficionado es su fuerza de voluntad.
Muéstrame alguien sin talento y te mostraré alguien que no trabajó lo suficiente, pero trabajar no significa necesariamente tocar cada vez más rápido o aprender todos los tratados de armonía existentes, sino buscar nuestra propia voz en un pajar personal de creencias, emociones y pensamientos automáticos innecesarios.

Pensamientos del Maestro Diego Souto





miércoles, 5 de septiembre de 2018

Fake Zappa


“Hace ya unos años, un atento policía de civil me enganchó fumando porro en una plaza cerca de Tribunales. Gracias a este poco amable giro de Fortuna pasé una noche en la comisaria de ahí cerca (creo que es la 17). Yo tenía puesta una remera con la cara de Zappa y mientras me pintaban los dedos el agente del orden señaló la remera y me dijo “Qué capo Zappa, una vez se comió un sorete en un recital”. Le respondí que eso nunca había pasado y que con razón era policía si le parecía bien comer mierda.
Ha ha naaa qué le voy a decir, no le dije nada. Pero el comentario del cana fue real.
Traigo a colación esta olvidable anécdota porque en “La verdadera historia de Frank Zappa”, una de las primeras cosas que se ocupa de aclarar es que nunca comió mierda (“lo más cerca que estuve de hacerlo fue en el buffet del Holiday Inn de Fayetteville, Carolina del Norte”). Me sorprendió mucho que el mismo Zappa estuviera al tanto la especie, y que se viera en la necesidad de aclarar su falsedad. Cualquiera que sepa un poco de qué clase de hombre estamos hablando, también sabrá que tal acto es por completo incompatible con su persona.”
Esta introducción es de un artículo escrito por Carlos Busqued. 
Ilustra bastante bien un asunto que se repite sobre la vida de toda persona famosa (bah, sobre la vida de cualquiera en realidad): se crean toda clase de historias falsas, se difunden y repiten hasta el cansancio, y desvirtúan los méritos reales de las personas en cuestión.
Lamentablemente Internet ha servido a este triste despropósito más eficazmente que al propósito que teníamos al principio cuando empezamos a surfear en la Red: conocer la verdad y difundir conocimientos para mejorar al mundo.
Y al tema de los relatos falsos se agrega el de la difusión de imágenes con falsa  información, como expliqué en un artículo anterior sobre CynthiaWebster, o directamente imágenes falsas, creadas con fotomontajes. Por eso al principio pongo una foto que ha circulado por Pinterest y otras redes sociales, con el añadido de interpretaciones libres sobre las ideas de Frank Zappa, tanto políticas como filosóficas, todas tendientes a llevar agua para su propio molino a costa del nombre y fama de Frank. No voy a refutar esas ideas sobre la opinión de Frank hablando de la TV, porque tergiversan su manera de pensar sobre un medio al que él supo dar buen uso. Si quieren conocer su opinión no hay nada mejor que leer el libro citado al comienzo de esta nota. Por eso pongo la foto con una advertencia visible, con el ánimo de que se difunda que la foto es realmente un Fake.
Pero entonces… ¿cuál es el origen de estas imágenes...?

martes, 27 de marzo de 2018

El sonido del espacio vacío

    
El sonido del espacio vacío explora las relaciones entre los micrófonos, los altavoces y los entornos acústicos circundantes a través de la retroalimentación controlada y autogenerada del micrófono. Amplificando y estetizando la inactividad acústica entre 'entradas' y 'salidas' tecnológicas (sustitutos para sus correlatos corporales, el oído y la boca) se desafía la noción de un objeto productor de sonido causal, y se formulan preguntas sobre el estado de lo 'amplificado'.
Al construir sistemas tecnológicos defectuosos y anular su potencial de comunicación, el oído se dirige hacia el espacio vacío entre los componentes; a las configuraciones únicas de cada conjunto de amplificación.
En cada una de las obras interrelacionadas, piezas que son a partes iguales banales, inventivas y absurdas, el sonido no se revela como un objeto distinto o un evento autónomo, sino como un producto mutable de redes interdependientes de relaciones físicas, culturales y económicas.
 
Para los puristas, la música es música y el ruido es ruido, pero ¿qué pasa cuando el ruido es música?


En The sound of empty space (El sonido del espacio vacío), el artista sonoro Adam Basanta crea un trío de sistemas incompletos para dirigir una orquesta de feedback harmónica.